Condesa sangrienta pizarnik pdf




















Click here to sign up. Download Free PDF. La Condesa Sangrienta - Alejandra Pizarnik. Pilar Mora. A short summary of this paper.

Download Download PDF. Translate PDF. Sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los ha refundido en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa. As a young man he abandoned his university studies and joined the…. By using this site, you agree to the Terms of Use and Privacy Policy. Henri MichauxBelgian-born French lyric poet and painter who examined the inner world pizarnim by dreams, fantasies, and hallucinogenic drugs.

Doing this sparked an interest early on for literature and also for pizaarnik unconscious, which in turn gave her interest in psychoanalysis. Pizarnik ended her life on September 25,by taking an overdose of Secobarbital sodium [6] at the age of English Choose a language for shopping. Page 1 of 1 Start over Page 1 of 1. Alexa Actionable Analytics for the Web. Amazon Inspire Digital Educational Resources. Share your thoughts with other customers.

Y tanto, que debfa ir a su aposento y cambiarlo por otro len que pensarfa durante esa breve interrupci6n? Tambien los muros y el techo se teiiian de rojo. No siempre la dama permanecia ociosa en tanto los demas se afanaban y trabajaban en torno de ella. En fin, cuando se enfermaba las hacia traer a su lecho y las mordia.

Durante sus crisis eroticas, escapaban de sus labios palabras procaces destinadas a las supliciadas. Imprecaciones soeces y gritos de loba eran sus formas expresivas mientras recorria, enar- decida, el tenebroso recinto. Pero nada era mas espantoso que su risa. Resumo: el castillo medieval; la sala de torturas; las tiemas muchachas; las viejas y horrendas sirvientas; la hermosa aluci- nada riendo desde SU maldito extasis provocado por el sufrimien- to ajeno. No siempre el dia era inocente, la noche culpable.

Sucedia que jovenes costureras aportaban, durante las horas diumas, vestidos para la condesa, y esto era ocasion de numerosas escenas de crueldad. Infaliblemente, Dorko hallaba defectos en la confeccion de las prendas y seleccionaba dos o tres culpables en ese mo- mento los ojos lobregos de la condesa se ponian a relucir.

Los castigos a las costureritas -y a las jovenes sirvientas en general- admitfan variantes. Si la condesa estaba en uno de sus excepcio- nales dias de bondad, Dorko se limitaba a desnudar a las culpa- bles que continuaban trabajando desnudas, bajo la mirada de la condesa, en los aposentos llenos de gatos negros.

Las muchachas sobrellevaban con penoso asombro esta condena indolora pues nun ca hubieran crefdo en su posibilidad real. Oscuramente, de- bfan de sentirse terriblemente humilladas pues su desnudez las ingresaba en una suerte de tiempo animal realzado por la presen- cia «humana» de la condesa perfectamente vestida que las con- templaba.

Esta escena me llevo a pensar en la Muerte -la de las viejas alegorfas; la protagonista de la Danza de la Muerte-. Des- nudar es propio de la Muerte. Tambien lo es la incesante contem- placion de las criaturas por ella desposefdas. Si el acto sexual implica una suerte de muerte, Erzebet Bathory necesitaba de la muerte visible, ele- mental, grosera, para poder, a su vez, morir de esa muerte figu- rada que viene a ser el orgasmo.

Pero lquien es la Muerte? Es la Dama que asola y agosta c6mo y d6nde quiere. Si, y ademas es una definici6n posible de la condesa Bathory. Nunca nadie no quiso de tal modo envejecer, esto es: morir. Por eso, tal vez, re- presentaba y encarnaba a la Muerte. Porque, lC6mo ha de morir la Muerte? Volvemos a las costureritas y a las sirvientas. Si Erzebet ama- necia irascible, no se conformaba con cuadros vivos sino que: A la que habia robado una moneda le pagaba con la misma moneda A la que habia conversado mucho en horas de trabajo, la mis- ma condesa le cosia la boca o, contrariamente, le abria la boca y tiraba hasta que los labios se desgarraban.

Tambien empleaba el atizador, con el que quemaba, al azar, mejillas, senos, lenguas Cuando los castigos eran ejecutados en el aposento de Erze- bet, se hacia necesario, por la noche, esparcir, grandes cantida- des de ceniza en derredor del lecho para que la noble dama atra- vesara sin dificultad las vastas charcas de sangre.

El nombre Bathory -en cuya fuerza Erzebet creia como en la de un extraordinario talisman- fue ilustre desde los comienzos de Hungria. No es casual que el escudo familiar ostentara los dientes del lobo, pues los Bathory eran crueles, temerarios y lu- juriosos. Los numerosos casamientos entre parientes cercanos colaboraron, tal vez, en la aparici6n de enfermedades e inclina- ciones hereditarias: epilepsia, gota, lujuria. Los parientes de la condesa no desmerecian la fama de su li- naje.

Su tio Istvan, por ejemplo, estaba tan loco que confundia el verano con el invierno, haciendose arrastrar en trineo por las ardientes arenas que para el eran caminos nevados; o su primo Gabor, cuya pasi6n incestuosa fue correspondida por su herma- na.

Pero la mas simpatica es la celebre tia Klara. Tuvo cuatro maridos los dos primeros fueron asesinados por ella y muri6 de su propia muerte folletinesca: un baja la captur6 en compaflia de su amante de turno: el infortunado fue luego asado en una pa- rrilla. En cuanto a ella, fue violada -si se puede emplear este ver- bo a su respecto- por toda la guarnici6n turca. Pero no muri6 por ello, al contrario, sino porque sus secuestradores -tal vez exhaus- tos de violarla- la apuftalaron.

Solia recoger a sus amantes por los caminos de Hungria y no le disgustaba arrojarse sobre alglin le- cho en donde, precisamente, acababa de derribar a una de sus doncellas.

Cuando la condesa lleg6 a la cuarentena, los Bathory se habian ido apagando y consumiendo por obra de la locura y de las nu- merosas muertes sucesivas. Se volvieron casi sensatos, perdien- do por ello el interes que suscitaban en Erzebet. Cabe advertir que, al volverse la suerte contra ella, los Bathory, si bien no la ayudaron, tampoco le reprocharon nada. En , a los 15 a:iios de edad, Erzebet se cas6 con Ferencz Nadasdy, guerrero de extraordinario valor. Se le allegaba durante las treguas Mlicas impregnado del olor de los caballos y de la sangre derramada -mm no habian arraigado las normas de higie- ne-, lo cual emocionaria activamente a la delicada Erzebet, siem- pre vestida con ricas telas y perfumada con lujosas esencias.

Un dia en que paseaban por los jardines del castillo, Nadas- dy vio a u. La conde- sa le explico que la nifia estaba expiando el robo de un fruto.

Na- p dasdy ri6 candorosamente, como si se le hubiera contado una l broma. El guerrero no admitia ser importunado con historias que re- lacionaban a su mujer con mordeduras, agujas, etc. Grave error: ya de recien casada, durante esas crisis cuya formula era el se- creto de los Bathory, Erzebet pinchaba a sus sirvientas con largas agujas; y cuando, vencida por sus terribles jaquecas, debia que- darse en cama, les mordia los hombros y masticaba los trozos de came que habia podido extraer.

Magicamente, los alaridos de las muchachas le calmaban los dolores. Pero estos son juegos de niiios -o de nifias. Lo cierto es que en vida de su esposo no llego al crimen. Tan confortable era que pre- sentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a el sin fatigarse.

Podemos con- jeturar que habiendo creido diseftar un espejo, Erzebet trazo los pianos de SU morada. Porque nadie tie- ne mas sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los frios espejos. Y a prop6sito de espejos: nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexuali- dad de la condesa, ignorandose si se trataba de una tendencia in- consciente o si, por lo contrario, la acept6 con naturalidad, como un derecho mas que le correspond.

En lo esencial, vivi6 sumida en un ambito exclusivamente femenino. A short summary of this paper. Sus viejas y horribles sirvientas son figuras silenciosas que traen fuego, cuchillos, agujas, atizadores; que torturan muchachas, que luego las entierran. Sin alterar los datos reales penosamente obtenidos, los ha refundido en una suerte de vasto y hermoso poema en prosa. Sentada en su trono, la condesa mira torturar y oye gritar.

La condesa, sentada en su trono, contempla. Es de noche. Vierten el agua sobre su cuerpo y el agua se vuelve hielo. La condesa contempla desde el interior de la carroza. Cuando se repone de su trance se aleja lentamente.



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